martes, mayo 25, 2010

Apego mal entendido y bien entendido

Voy a dejar en la recámara la entrada que tengo a medio escribir sobre las ciudades para intentar hacer un ejercicio acerca del apego.

Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado que siento un apego casi enfermizo en algunas parcelas mientras que soy muy desapegado en otras. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.

Pero espera un momento... El apego, como cualquier otro concepto, necesita de una definición. Echemos mano de la RAE.

Apego. (De apegar). 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.

A primera vista no parece un concepto peligroso.
Y no lo es de por sí.

¿Cómo entendemos esto las personas? Mi respuesta es que tenemos una manera equivocada de afrontarlo gracias a un elemento común en nuestras relaciones: la posesión. El mío y el nuestro.

¿Y cuándo entra en juego la posesividad? No creo estar descubriendo América con esto, pero igualmente lo diré: las personas no somos posesivas con aquello que queramos o deseemos mucho sino con aquello que tememos perder. Puede parecer lo mismo pero no lo es. Lo repito: no se es posesivo con aquello que va a continuar ahí, sino con aquello que se considera que puede estar en peligro de desaparecer.

Es una manera algo retorcida de entender las relaciones, con los demás y con uno mismo, pero todos lo hacemos en mayor o menor medida. Reclamamos algo (o a alguien) como nuestro y ahí empiezan los problemas. En el caso de los objetos no se presentan demasiados porque los sufridos objetos no pueden responder, pero en el caso de las relaciones interpersonales sí se dan problemas de todo tipo.

Teniendo en cuenta esto tengo que reformular el segundo párrafo de esta entrada.

Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado soy muy posesivo y celoso en algunas parcelas, mientras que en otras lo soy muy poco o nada. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.

Sí, me gusta mucho más ahora; es más acorde con la realidad.
Así pues no es lo mismo una persona apegada que una persona posesiva. Sigamos.

Considero el apego como algo natural e inherente al ser humano. Es natural sentir inclinación hacia algunas cosas, especialmente si son obras hechas por nosotros. El apego es, en este sentido, el natural cariño o atracción que se siente ante algo o ante alguien, y que se puede canalizar de infinitas formas. En en ese proceso de canalización donde entran en juego la posesividad y muchos otros factores, y el que al final modela la relación.

Así pues, y como siempre, nuestras relaciones son responsabilidad nuestra de una manera muy íntima. Tenemos la capacidad iniciarlas, de acabarlas, de modelarlas como queramos, de profundizar en ellas o de dejarlas agostarse, de hacerlas crecer o de estrangularlas.

Ah, si tuviéramos la misma facilidad para practicar que para teorizar...

miércoles, mayo 19, 2010

La ciudad y los coches

Hay bastantes tratados interesantes sobre urbanismo, pero casi todos los que han caido en mis manos tienen una cosa en común: más de 25 años de antigüedad.

Ignoro las razones de esto y no me voy a detener sobre ello ahora, pero hay un punto La madrileña calle de alcalá a principios de siglointeresante que merece la pena resaltar: en algunos de esos tratados se nos da la singular oportunidad de ver la ciudad desde un prisma contemporáneo y sin embargo, o bien carente del factor de los coches, o bien enfocado éste desde una perspectiva donde su importancia era mucho menor a la actual.

Casi todos hemos nacido en un mundo con coches. El automóvil siempre ha estado más o menos presente en nuestra vida y por lo tanto forma parte del paisaje urbano cotidiano. Esto nos hace olvidar algo importante para entender las ciudades hoy en día, especialmente las ciudades españolas, centenarias en el caso de las jóvenes y milenarias en el caso de las más veteranas: viendo el asunto en perspectiva se percibe a las claras que el uso del coche ha sido un factor que, aunque revolucionario, es muy reciente si se compara con la totalidad de la vida de la ciudad española.

Esto nos plantea un jugoso problema, y es el cómo se ha adaptado cada ciudad a esos extraños artefactos autopropulsados. La respuesta, teniendo en cuenta que cada ciudad es distinta al resto, resulta curiosamente unitaria: Mal.

Una vez miradas con esta información en la mente, nos damos cuenta de que resulta complicado (sino imposible) encontrar alguna ciudad que no tenga problemas inherentes a la convivencia del ciudadano con el automóvil. El tráfico, el aparcamiento, la contaminación, el ruido, el estrés... todos ellos son elementos que, siendo tradicionalmente inherentes a la vida urbana en occidente, se han agudizado gracias a la invasión de nuestros compañeros motorizados.

Ahora bien, hay que dejar constancia de que el coche, como cualquier otro objeto, no tiene culpa alguna por sí mismo. Es el uso que se hace del coche el que plantea problemas.

Las ciudades entendidas, como un ente, cambian más despacio que sus habitantes. Las transformaciones en la mentalidad y en la sociedad del ciudadano tardan cierto tiempo en aparecer reflejadas en la realidad física de la ciudad. Incluso en este siglo XXI, donde todo aparenta ir cada vez más y más deprisa, la ciudad impone su ritmo pausado (más en unos casos que en otros) a la hora de transformarse a sí misma.

Pero, por primera vez en la historia, la aparición del coche como artilugio de común uso, forzó a las ciudades a acometer cambios drásticos en un período de tiempo demasiado corto. Las La popularidad del coche como medio de transporte creció como la espumaavenidas y las calles, antes patrimonio del viandante, del coche de caballos o del excepcional tranvía, se vieron obligadas a acoger tanto el tránsito diario como el aparcamiento. Se dió la paradoja de que las ciudades españolas del siglo XX, que ya habían acometido ambiciosos planes urbanísticos de ensanche y adaptación, se quedaron pequeñas sin tardanza. Los cascos urbanos ya construidos se vieron, en general, atestados y sin capacidad para absorber la creciente cantidad de coches, y sin opciones de ampliarse salvo derribando manzanas enteras de casas y rehaciendo el trazado.

Así pues, desde su popularización y durante decenios, el automóvil estuvo en el centro de cualquier planificación urbanística, y los nuevo barrios se construyeron teniendo en cuenta el uso que los vecinos harían del coche. También se invirtió en redes de transporte público viarias (autobús, taxi) y subterráneas (metropolitano y trenes de cercanías), ideadas para intentar descongestionar carreteras y calles. Pero el problema seguía (y sigue) sin solucionarse en los cascos urbanos anteriores a mediados del siglo XX, aquellos que vieron crecer a los populares Seat 600 como setas en Noviembre.

Frente a estos problemas, los ayuntamientos parecen haber dado un golpe de timón en cuanto alEl leonés y peatonal barrio de El Húmedo uso del coche en los cascos antiguos. Cada vez son más las ciudades que restringen o cortan el tráfico rodado en sus partes más antiguas y tradicionales para intentar devolver a las viejas calles el carácter público que tenían antes de la aparición del coche. Madrid, Barcelona, León, Bilbao o Vitoria son algunos ejemplos de esta tendencia.

Otro importante factor de mejora, más antiguo que lo anterior y vigente hoy en día, es la migración de los grandes centros industriales o comerciales al extrarradio, lo que ha ayudado a frenar la escalada de tráfico en los accesos a las ciudades y dentro de ellas.

Sin embargo, y a pesa de esta aparente mejora de la situación, llega el momento de hacer una reflexión. El coche supuso una revolución en el mundo en general y en las ciudades en particular, pero su utilidad como herramienta no debería cergarnos a los factores negativos que asocia a la vida diaria. La imagen del coche suele evocar comodidad y autonomía, pero hay ocasiones en las que deberíamos pararnos a pensar si realmente nos supone eso o bien si lo que nos da es incomodidad, estrés y gasto superfluo. El coche es necesario en el quehacer diario para muchas personas, pero no para todas. Es responsabilidad de los ayuntamientos plantear alternativas viables al uso del transporte privado, pero es responsabilidad nuestra como ciudadanos el utilizar ese transporte privado de manera responsable, razonada y razonable.
Tal vez, y sólo tal vez, si el ciudadano es capaz de hacer este ejercicio de responsabilidad, la ciudad, agradecida, será capaz de adaptarse y de colocar al automóvil en el armónico lugar que le corresponde.

Jefes

Los jefes hacen básicamente dos cosas:

1. Reunirse: Se reunen. Mucho, a todas horas. El fruto de esas reuniones es...
2. Dar por saco a los que están debajo de ellos: no creo que hagan falta más explicaciones.

Tomando esto como base existen dos tipos de jefe:

1. Los jefes que intentan hacer de paraguas en la medida de sus posibilidades.
2. Los malos jefes.

Es doloroso ver cómo un jefe tipo 1 se convierte en un jefe tipo 2, pero sucede. Es algo así como una especie de degeneración que, imparable, acaba por alcanzar a todos. Pero esta es otra historia. Dentro de los malos jefes hay, de nuevo, otras dos subdivisiones:

2.1. El mal jefe que, siendo o no consciente de que lo es, no lleva a engaño a sus subalternos.
2.2 El mal jefe que, siendo consciente de que lo es, intenta enmascararlo de diversas formas.

Éstos últimos son los peligrosos, sobre todo porque algunos han refinado tanto sus técnicas que prácticamente se confunden con el jefe tipo 1.

He aquí unos prácticos consejos sobre cómo diferenciarlos en algunas situaciones:

Trabajo sorpresa
- Tipo 1: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Estoy liado pero sacaré tiempo. No hagas nada hasta que lo planifiquemos con la gente.
- Tipo 2.2: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Qué faena. Estoy liadísimo con reuniones e historias. Te mandaré un correo con el tema.

Acometiendo un proyecto
- Tipo 1: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y, como de costumbre, no me ha dicho nada concreto. De manera que haz algo preliminar y que no cueste mucho cambiar. Sobre eso trabajaremos hasta que tengamos el contenido definitivo.
- Tipo 2.2: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y es lo que me ha dicho, Menudo marrón macho, pero en fin, a por ello. Vé haciéndola y yo te echaré un cable. Cuando acabes me avisas para que le eche un vistazo.

Día a día del desarrollo
- Tipo 1: Vale, estos cambios parecen correctos. Cuéntame por qué los has hecho para que pueda defenderlos arriba y no nos toquen las narices más de lo necesario.
- Tipo 2.2: Vale, estos cambios me gustan. A ver si hay suerte y arriba opinan lo mismo.

Presentación del proyecto
- Tipo 1: De acuerdo, déjame hablar a mí, que el jefazo se las trae. Creo que no tenemos cabos sueltos pero no le toquemos las narices al diablo.
- Tipo 2.2: De acuerdo, vamos a ver al jefazo. ¿Lo tienes todo bien preparado? No sea que nos pille en un renuncio, que es muy ladino. Vamos, seguro que lo harás muy bien.


El caso es que prefiero un mal jefe a un mal jefe con pinta de buen jefe. Con éstos uno nunca sabe a qué atenerse mientras que aquellos nunca defraudan.

jueves, marzo 11, 2010

¿Cómo se puede considerar sagrada la vida humana...

... sin considerar sagrado cualquier tipo de vida?

No lo sé. Pero hay personas que lo consiguen.

Si en vez de sacralizar el asunto optamos por hablar de órdenes de importancia, es evidente que la propia vida debería ocupar siempre el lugar prominente, aunque el único motivo sea el altruista motivo de que si uno se muere no podrá salvar otras vidas o ayudar a otras personas.

El siguiente escalón en importancia lo ocuparían los seres cercanos, sean familiares, amigos, mascotas... en general cualquier ente (animado o no animado) por el cual se sienta afecto.

Y luego viene el resto del universo, con su propio y particular escalafón.

Intentar dotar de un valor a una vida humana es complicado. Tanto que siempre se opta por decir que la Vida Humana, en General, tiene un valor incalculable. Ni mucho ni poco, simplemente incalculable. Todos los problemas morales inherentes a la medición de su valor se volatilizan, y con ellos también lo hace la responsabilidad de llevarlos a cuestas.

Lo ejemplifico extremo, como todos los ejemplos: si yo quisiera mucho a mi perro (un ser no humano), y llegase un desconocido y lo matase por capricho, lo único que salvaría a ese hijo de puta de encontrar la muerte en mis manos sería el miedo que yo tuviera a las represalias sociales (multas, carcel, muerte de la vida social etc) por mi acto. Si estuviera seguro de poder actuar impunemente, la vida de esa persona llegaría a su fin. A ser posible violenta y dolorosamente.

Sí, yo valoraría más la vida de mi perro que la de un miserable.

No me importa la vida humana. Me importan las vidas de los seres, humanos o no, que tengo alrededor.

Obviamente cualquiera que diga que un ser humano vale más por el hecho de ser humano tiene todo el derecho a decirlo. Pero la importancia es un valor relativo y personal, y en mi escala de valores eso no encaja.

Hagamos funcionar la máquina del tiempo hacia atrás. Cuando estaba en segundo (creo) de EGB, yo estudiaba en un colegio de los Hermanos de La Salle. Esos hermanos estaban abiertos al debate, y la clase de Religíón consistió básicamente en debates y conversaciones durante todos los años de la EGB y el BUP. Tuve suerte en ese sentido.

Un medio día, antes justo de entrar al comedor, me acerqué al hermano Andrés, una de las personas de las que guardo mejor recuerdo. El hombre ya estaba mayor, pero seguía teniendo energía para jugar con los más pequeños. El caso es que cuando llegué a donde estaba le pregunté:

"Hermano Andrés, ¿por qué nosotros le importamos más a Dios que las hormigas? ¿Por qué somos tan importantes?".
"Porque nosotros estamos hechos a Su imagen y semejanza".
"Pero entonces, -seguí preguntando- ¿acaso a Dios no le importan los árboles o los animales?"
"Claro que le importan, pero nosotros somos sus hijos predilectos".

En aquel momento algo en mi interior hizo crack. Y esa fractura sigue existiendo a día de hoy, cuando la máquina del tiempo nos devuelve al presente.

Por entonces pensaba "No. No estoy de acuerdo. No creo en ese dios. Un dios como ese no tiene derecho a existir". Dulce inocencia la de la niñez. Me costó mucho asumir que las cosas simplemente existen, y suceden, aunque sean injustas.

Ahora una conversación en primicia.

*plop*

Dios: Recuerda: No matarás.

Yo: ¿Por qué?

Dios: Porque no puedes dar la vida.

Yo: ¿Que no? Tú solucióname el tema de la logística y mi chica y yo tendremos tantos hijos como yo... Bueno, tantos como ella quiera." (Un hombre puede discutir con Dios de tú a tú, pero la mujer manda en ciertas parcelas, y ni el hombre ni Dios tienen nada que hacer, es lo que hay).

Dios: Me refiero a que no puedes devolver la vida a aquel al que se la quitas.

Yo: Desde luego que no. Y aunque pudiera no lo haría. El mundo está mejor sin cierta gente.

Dios: Ya. Y tú, con tu visión global y completa y con tu criterio estrictamente objetivo eres el juez para decidir eso." (Dios, como todo ser consciente que lleva mucho tiempo observando lo que pasa a su alrededor, conoce bien el sarcasmo y el cinismo).

Yo: No aspiro a ser lo que se supone que eres tú...(pausa)... por lo menos no a corto plazo. Pero hay seres humanos malvados, gente sin escrúpulos, asesinos... hay hasta políticos. POLÍTICOS ¿oyes? ¿Qué hemos hecho el resto para soportar semejante carga?

Dios: Nada, aparte de existir. Pero di al ser humano libre albedrío, igual que al resto de seres, para que conociese el significado de eso llamado libertad. Cada uno sois responsables de vuestra vida y de vuestras acciones, por más que os empeñéis en buscar instancias superiores (yo por ejemplo) a las que culpar de vuestras desgracias.

Yo: Y este original argumento, ¿cómo se compenetra con el mandamiento de "No matarás", o ya puestos con cualquier otro mandamiento? ¿Para qué darnos mandamientos si deseas que conozcamos la libertad?

Dios: Aunque te resulte curioso, ese mandamiento, o cualquier otro, no es una orden, sino una oportunidad para que el ser humano sea consciente de algunas verdades realmente universales. Aunque se llamen mandamientos, su verdadera función no es la de ser impuestos, sino aceptados. El ser humano es un ser con un fuerte instinto de supervivencia pero también con un fuerte instinto autodestructivo. Decir "No mataré" implica dar la espalda a un instinto firmemente arraigado que es el de acabar con la amenaza que suponen los otros. Es una apuesta a favor de la existencia de otros seres humanos, aunque éstos no se ajusten a tu idea de cómo deberían ser. Los seres humanos no sois valiosos por ser mis hijos predilectos, sino porque cada uno representa un potencial en sí mismo y también en relación con los demás seres humanos.

Yo: Entonces lo que estás diciendo es que dando la oportunidad de existir a cualquiera, lo que estamos haciendo es aumentar las posibilidades de evolución de nuestra raza. No lo entiendo. ¿Acaso los seres humanos vamos a ser mejores por alumbrar y permitir la existencia de asesinos?

Dios: Si retrocedes al principio de la conversación verás que hemos empezado porque tú querías convertirte en un asesino. Pero dejemos eso por ahora. El tema es sencillo. Los ejemplos de Adán y Eva o de Caín y Abel son los primero de una larga serie de grandes caminos que se abrieron gracias a un primer acto contra una ley preestablecida. Las leyes siempre van encaminadas a mantener un sistema y los seres humanos evolucionáis, crecéis y eventuálmente os preguntáis el porqué de la existencia de esas leyes. Y las rompéis cuando creéis que tenéis derecho a ello o simplemente para ver qué hay al otro lado. Es un acto que se toma por liberador pero os olvidáis de que siempre habéis tenido en vuestra mano la libertad para romper la ley. No sois más libres que antes por hacerlo sino, tal vez y con un poco de suerte, más sabios.

Yo: ¿Entonces no me castigarás si decido matar a ese bastardo que ha envenenado a mi perro?

Dios: Yo no castigo ni recompenso. Cada acto lleva consigo su mérito y su carga.

Yo: Claro, pero a mí me meterán en la cárcel y a él solamente le ha caido una multa. Mi perro valía mucho más para mí que la mayoría de las personas que he conocido. Es injusto.

Dios: Las leyes no son injustas ni justas, simplemente están ahí. Tú tienes libertad para escoger si merece la pena matar al que mató a tu perro saltándote la ley. Ahora bien, apechuga con las consecuencias, seas las que sean.

Yo: Pero... si no me castigas por hacerlo ni me recompensas por no hacerlo, ¿¿para qué sirve que existas?? (esto es lo que se conoce como un argumento potente).

Dios:*Risas prolongadas*. Pues mira, no te puedo dar una razón para mi existencia como tampoco puedo dártela para la tuya. Simplemente estamos aquí. Y mientras tanto habrá que intentar hacerlo lo mejor posible, ¿no?

Yo: Entonces ¿por qué has venido a tocarme las narices y a decir "no matarás" si no vas a hacer nada en caso de que decida cargarme al tío ese?

Dios: Para que hagas lo que estás haciendo, meditar y razonar y ser consciente de las consecuencias. Matar no tiene vuelta atrás y quería asegurarme de que te enfrentabas al hecho con las cosas claras. De todas formas tú haz como si yo no existiera si hace que te sientas más cómodo.

Yo: Pero existes. Leñe, estoy hablando contigo. No suelo hablar con dioses todos los días.

Dios: ¿Existo realmente o solamente soy fruto de tu imaginación? No, no pongas esa cara. No importa realmente si existo o no, mas allá de lo que tú creas al respecto. Es cosa tuya. Ah, el cómo afecta esa creencia a tu vida y a tus actos también son cosa tuya. No digas que no te doy libertad ;)

*plop*

miércoles, octubre 07, 2009

El camino, el fuego, el ser humano

Durante bastantes años he tenido como uno de mis vectores maestros que la bondad humana era algo que había que potenciar con la herramienta de la consciencia. Estaba equivocado, pero no del todo, en lo de la consciencia acerté.

No me extraña que numerosos sabios desde tiempo inmemorial hayan aconsejado a los gobernantes que mantuvieran a la masa en un punto de controlable de incultura y falta de curiosidad. La consciencia es poderosa, es lo más poderoso del mundo. Y por lo tanto también es lo más peligroso.

A grosso modo considero como piedra maestra que solamente es moral aquel ser humano que no hace a los demás aquello que no desea que le hagan. Obviamente esto es una opinión y por tanto matizable, pero no admito matiz con respecto a la base.

Solamente es moral aquel que desea que el cosmos sea un reflejo de sí mismo, aquel que hace aquello que le gustaría recibir, que no hace aquello que no desearía que le hicieran.

Tomemos por ejemplo el fuego; tenemos la cerilla encendida, el candil en la oscuridad, el alto horno de la fundición y la hoguera en la montaña. Tenemos el incendio de una casa, de un monte, de un cigarrillo. Tenemos las estrellas y las novas. Pero todas ellas son fuego. Y esa afirmación es Fuego.

Todas las religiones tiene su moral propia, pero esto es la base. Todo nace de aquí.
Y es una base inmoral.

Es una base inmoral porque no está sujeta a las normas que emanarán de ella. No es una norma buena ni mala, ni beneficiosa ni perjudicial. Simplemente es, pura y simple. Por eso no puede ser corrompida, pero sí utilizada. Es una herramienta poderosa. Como el fuego.

Llevar la vida propia acorde a ese axioma comprende que hay que diferenciar entre uno mismo y el otro, entre lo propio y lo ajeno, entre lo familiar y lo extraño, entre lo conocido y lo desconocido.

Y eso nos convierte en jueces, en observadores del universo. Juzgando y viviendo, así transcurren nuestros días. Pero... ¿cómo podría nadie ser juez si solamente fuese capaz de tomar en consideración los factores externos sin ponerse en el lugar de aquello que juzga? ¿Cómo podría dictar sentencia sin siquiera tratar de convertirse en el reo? ¿No debería acaso juzgarse a sí mismo para tratar de dilucidar qué sería lo más conveniente? Sin juez no hay juicio, así que el juez no puede ser dejado de lado. Es juez y parte, es juez y enjuiciado.

El mejor juez es aquel que se da cuenta de que realmente no hay distancia entre el juez y el reo, entre el observador y lo observado.

Pero esto, aunque interesante, no resuelve cuestiones diarias en una sociedad como la nuestra, donde hay leyes superiores dictadas cuya obediencia es inherente a la vida en dicha sociedad. Ciertamente hay situaciones injustas, inmorales con el modo aceptado comúnmente de ver los asuntos, pero que se presentan diariamente. ¿Cómo, pues, saber lo que es justo y lo que no, lo que es bueno y lo que no?

Consciencia.

La consciencia es la verdadera espada de la justicia. No hay nada que no pueda cortar como la mantequilla. Alguien consciente es alguien poderoso. Sí, la consciencia es como el fuego, herramienta de creación y de destrucción.

Digo esto porque de todo lo anterior se deduce que solamente hay un camino moral y consciente: el partir de uno mismo y querer crecer y mejorar; y por lo tanto hacer crecer y mejorar todo lo de alrededor. Hacer solamente lo deseado para uno y para el cosmos. Cualquier cosa fuera de este infinito abanico de posibilidades es autodestructiva.

Un asesino no puede seguir este camino porque hacerlo solamente contempla dos posibilidades: o bien dejar de asesinar o bien suicidarse. El ladrón o deja de robar o se quedará sin nada. El destructor o deja de destruir o será destruido. Tal es el camino.

Es por eso que abogo porque de los males que nos aquejan y aquejan al mundo, la inconsciencia es la principal causa, y no la maldad. La inconsciencia es oscuridad, y en la oscuridad se avanza a tientas, a veces atropellando a compañeros, a familiares o a desconocidos. La consciencia es luz, luz que permite ver las maravillas y atrocidades del universo, que nos hace conscientes del recién nacido y del moribundo, del sano y del enfermo... de la propia luz y de la propia oscuridad.

Consciencia y Moral, las herramientas de las herramientas.

Sí. Solamente hay un camino a seguir. Mi camino. Y el de todos. Y por lo tanto de nadie. Por eso es de todos.

lunes, septiembre 14, 2009

Operación Boldozer, o de cómo un grupo de maravillosos chiflados vinieron a mi casa con el objetivo de convertirla en un lugar habitable de nuevo

Mi casa está irreconociblemente hermosa. Hacía años que no la veia así.

Y esto es gracias a vosotros chicos. Ignoro qué estupendas acciones he debido realizar en vidas pasadas para tener el placer y el honor de conoceros y estar cerca de vosotros, pero han debido ser muchas y muy buenas.

Muchos de mis lectores no sabrán en qué estado han llegado a estar ciertas zonas de mi casa, fruto de la dejadez y de la vaguería del morador, y yo no voy a comentarlo aquí; pero la cantidad de basura, de suciedad, de recuerdos, de objetos que ya no tienen valor, que salió por la puerta de mi casa bastó para llenar tres contenedores de basura de los grandes. Enough said. Y aún faltan cosas por sacar.

No tengo palabras para expresaros mi agradecimiento chicos. En serio. Todos vosotros habéis hecho un esfuerzo enorme para que esta casa volviera a ser una casa.

Imperator, Nur, no sé qué clase de personas sois para haceros un viaje de 1500 Kms solamente con el objetivo de limpiar la casa de un colega, pero lo que sí sé es que quiero más personas como vosotros en el mundo.
Nur
, por la gracia que me ha sido concedida te doy los títulos de Destructora De Estropajos Y Bayetas Por Una Buena Causa, y Eliminadora De Lípidos Y Demás Sustancias Afortunadamente No Identificadas Incrustadas Al Mobiliario. Gracias por ser la principal promotora de esto. y por echarle narices, que había que echárselas para entrar en la cocina. Eres increible.
Imperator
, El Que No Se Dejó Arredrar Y Llevó Al Pollo Del Horno Amén De Muchas Otras Cosas Hasta Su Descanso Final En El Contenedor, gracias por meterte en el equivalente a una zona de guerra, sobre todo porque sé lo poco que te gusta el desorden.

Athair, gracias por venir teniendo que currar como un titán durante todo el finde encadenando turnos dejando el mínimo para descansar. Eres un hacha.
Rapun, gracias por estar ahí organizando y currando como la que más; aunque digas que una casa ajena se limpia mejor que la propia eso no resta ni un ápice de mérito.

Molecula, sé que le tenías ganas a la cocina y a la casa en general. Habéis vencido por goleada. Gracias por ser tan maravillosamente eficiente y por anteponer planes mucho más interesantes y divertidos que éste para venir.

Persefone, amor mío, no puedo decirte mucho más de lo que ya te he dicho. Muchas gracias por estar permanentemente ahí apoyándome y dándome cariño, amor y ánimo. Vivir la vida contigo es algo para lo que aún no se han inventado palabras que puedan definirlo. Gracias. Por todo.

Os quiero chic@s. Ahora esta casa también es vuestra. Y como morador que pasa más tiempo en ella os prometo que la cuidaré para que cuando regreséis la encontréis igual o mejor de lo que la dejásteis.